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Solo y olvidado en el Limbo recuerdo mis momentos eróticos.
limboblog
viernes, diciembre 16, 2005
Frotadora
Ella prefería que no la penetrase, le encantaba frotarse contra mi.
Si estábamos vestidos lo haciamos a traves de los vaqueros, al principio duros y asperos, pero al final, cuando ella llegaba al orgasmo, estaban tan derretidos como yo.
Y si lo haciamos desnudos, a orcajadas sobre mi, le gustaba agarrarme la polla y acariciarse. Menos mal que siempre le quedaban fuerzas para mi pobre polla sobreexcitada.
 
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Maldito Titanic
Me he quedé viudo en mi noche de bodas, y todo por culpa de la dichosa película.
Verás lo que pasó:
Todo fue maravilloso, la boda, el banquete, toda nuestra familia y los mejores amigos reunidos para celebrar con nosotros el día más feliz de nuestra vida, aunque yo personalmente esperaba con ansiedad la mejor parte de ese día, la noche.
Y digo esto porque los dos éramos vírgenes, mi novia también, pero yo, que lo puedo contar, lo había pasado muy mal.
Queríamos que todo saliera a la perfección, así que para esa noche lo preparamos tan a conciencia como lo demás.
Esa misma noche partía un crucero por el Mediterráneo la "mar" de romántico y nosotros teníamos reservado el camarote más lujoso.
Pero como también debíamos estar atentos a esos pequeños detalles que, a veces, pasan desapercibidos pero que son tan importantes como los grandes, yo tenía preparado un bote de lubricante, porque lo más importante para que una virgen deje de serlo es una perfecta lubricación, sea o no natural.
Y tal como lo planeamos así sucedió, todo funcionó como una máquina bien engrasada, no entraré en detalles pero fue maravilloso, nos dejamos llevar por la pasión y la lujuria de tal manera que una vez consumado lo que habíamos venido a consumar, nos dejamos llevar por la locura que nos embargaba y como locos corrimos medio desnudos hacia la proa del barco para imitar a la pareja protagonista de Titanic.
Y una vez encaramados en lo más alto me pidió que la sujetara fuertemente con mis manos porque quería sentir en su rostro de mujer mujer el azote salado de la brisa marina. Pero, oh desdicha, oh puerca miseria, coño que se me resbaló por el maldito lubricante y se la tragó el negro océano de las narices.
 
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jueves, diciembre 15, 2005
LOS CUARENTA
Se va alejando de los cuarenta, aunque todavía es una mujer atractiva como lo son las mujeres de esa edad, un poco entrada en carnes pero prietas, es decir ligera barriguita, pechos que un buen sujetador pone en su sitio, para que despunten, un buen culo, acogedor pero inaccesible, de esos que llenan los pantalones pidiendo libertad. Una libertad que nunca tuvo, o por lo menos no esa libertad que hace que disfrute y haga disfrutar a quien lo amase por amor o por amasar, que no es lo mismo aunque pueda parecerlo. Ella siempre ha esperado al hombre que le hiciera las dos cosas a la vez, más lo primero que lo segundo, porque para ella eso era lo verdaderamente importante, el amor, el amor sincero e incondicional de un hombre bueno, cariñoso y guapo, guapo de aspecto y de gestos, caballeroso y amable, a la vez muy hombre y niño para dejarse querer y mimar, poder afirmarse en él y que no pueda pasar sin ella, tenerlo todo en una sola persona. Mujer única, sola, no sola del todo porque tiene muchas amigas y también amigos, casi todos ellos casados con sus mejores amigas.
Pero cuando vuelve a casa esta sola, se desviste sola, come sola, duerme sola y se despereza sola por las mañanas. Todas las mañanas han sido así, solitarias, era en esos momentos, en ese instante mágico del despertar, cuando más deseaba que la amasen. Cuida mucho su aspecto, como no, la ropa, el maquillaje, el pelo, gimnasio, toda ella recibe los cuidados necesarios para seguir manteniendo la ilusión, la imagen de sexualidad activa que debe dar una mujer en la sociedad actual, no esta bien visto lo contrario. Dejar de hacerlo es renunciar, dejar de esperar la oportunidad que no ha llegado ha presentarse pero que siempre está al caer. Todo esto no se comenta, todos lo adivinan pero ninguna es capaz de confesarlo sin tortura. Como tampoco confesarían que tipo de sexualidad mantienen, siendo vírgenes y con una mínima experiencia sexual, ¿como se excitan? ¿Que les excita y hasta que punto?
Me intriga.
 
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martes, diciembre 06, 2005
Rosa y Raul
Raúl camina rápidamente, busca un buen sitio para ver pasar la cabalgata, intentando adelantar carrozas para verlas todas, la acera estaba atestada y cansado de andar se decidió por verla subido a los escalones de un portal, gracias a su considerable altura no tendría problemas para mirar por encima de la gente.Al mismo tiempo, Rosa, por la acera de enfrente, caminaba despacio en sentido contrario al desfile. Cabizbaja, solo miraba de vez en cuando al cruzarse con alguna carroza, hasta que imposibilitada por el gentío para seguir avanzando, se quedójunto a un árbol para esperar el final de la cabalgata. Miró al frente, y por encima de muchas cabezas vio una cara familiar, enseguida reconoció a Raúl. Durante el tiempo que transcurrió entre el paso de una carroza y la siguiente no pudo apartar la vista de él.Raúl observaba con atención todos los detalles del desfile, los disfraces, las generosas muchachas y las abigarradas carrozas. Pero tras el paso de una de ellas unos ojos, que le miraban fijamente, captaron su atención y le trajeron a la mente dulces recuerdos.Rosa y él caminan abrazados, está a punto de amanecer y nadie se cruza en su camino, avanzan despacio, besándose cada pocos pasos.Pasa otra carroza y Rosa parpadea y recuerda.Raúl le grita, tiene la cara roja de ira y aprieta los puños mientras va y viene por el salón. Rosa llora acurrucada en un sillón hasta que consigue alzar la voz por encima de la de Raúl para decirle que se vaya.Raúl ya no está interesado en la cabalgata, pasa otra carroza y piensa.Vuelve a casa tarde y Rosa esta molesta, se lo nota nada más verla pero no le dice nada, come algo en la cocina y se acuesta. Piensa, que como otras veces, al día siguiente se le habrá pasado.Rosa sigue recordando escenas del pasado.Raúl intenta abrazarla en el ascensor, Rosa le rechaza argumentando que alguien puede entrar. Ya en casa, lo intenta de nuevo y Rosa le dice que espere un poco, ahora no es el momento porque tiene que hacer unas llamadas. Cuando vuelve a sentarse a su lado, Raúl está viendo la televisión y no piensa acostarse hasta que acabe de ver lo que está viendo. Le dice que tan solo quería abrazarla, como antes.Pasa otra carroza y Raúl baja la cabeza pensativo.Se cruza con ella en el supermercado y llama su atención, empuja su carro y se desvía de su recorrido habitual para poder encontrarla dos calles más adelante, en la de las galletas. Poco después en la de las bebidas y en la de las conservas. Cuando se la vuelve a cruzar en la calle de las compresas, Rosa ya no puede aguantar más y se hecha a reír a carcajada limpia. Raúl nunca podrá olvidar esa risa, la risa del día que se conocieron. Rosa aprovecha el paso de la última carroza para recordar aún un poco más.En la caja del supermercado quedan en verse al día siguiente, la cajera, con una sonrisa cómplice, les presta su bolígrafo para apuntar los teléfonos. Mientras, le pasa por el escáner las compresas y Rosa decide que justo cuando deje de necesitarlas se lo comerá a besos.Pasada la última carroza, ninguno de los dos está en su sitio, Raúl camina perdido entre la gente que sigue el desfile. Rosa emprende su camino con paso ligero aprovechando que la acera se ha despejado.Caminan los dos en la misma dirección pero en diferentes sentidos, alejándose el uno del otro.
 
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viernes, diciembre 02, 2005
Su sexo sobre el dorso de mi mano
Observé que ella se dejaba caer en la mesa mientras hablaba con los demás apoyando su sexo en el pico, hablaba gesticulando con las manos y se alejaba, se callaba y se volvía a dejar caer. Una de esas veces, distraidamente, fui yo el apoyó la mano en el pico de la mesa y ella al callar presionó su sexo sobre el dorso de mi mano. Ni se retiró y, aparentemente, ni se inmutó. Yo, sin embargo, no lo pude soportar y tuve que dejar la conversación.
 
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Fiebre
Cuando tengo fiebre sueño que cojo entre mis dedos índice y pulgar un hueso de aceituna, al principio me parece enorme, inabarcable, de tal manera que tengo que estirar ambos dedos para sujetarlo, pero cuando al fin lo he conseguido no es sino un hueso pequeñito, tan pequeñito que las yemas de los dedos, al apretarlo, se llegan a rozar como si entre ellas sostuviesen un grano de arena. Una y otra vez suelto y aprieto consecutivamente y siempre pasa lo mismo, grande y pequeño, grande cuando intento cojerlo, pequeño cuando ya está en mi poderEntonces me lo acerco a la cara, lo miro y veo que soy yo mismo.
 
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Mi mismo sueño

Y después de hacerme el amor se durmio muy pegadita a mi, como queriendo soñar mi mismo sueño.
 
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diciembre 2005


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